Se llenó de Atardeceres..
Uno trás otro..
uno erguido,
el otro más allá, expectante,
uno otro más acá,
aquél otro por allá
todos brillando
con luz prestada
por el Sol,
con nubes rosas y amarillas
grises y blancas..
La Luna relojeaba,
ansiosa que llegara la noche..
y poder ponerse a charlar
con las Estrellas titilantes
de emoción..
Los atardeceres
las ponía incómodas,
puesto que no se lucían,
ni la Luna,
ni las Estrellas.
Y el atardecer principal les dijo..
tienen que saber esperar,
ya que obligadamente
a la noche la precede la tarde.
Así fue que éllas
supieron ubicarse..
En la Ciudad del Buen Ayre (de la Furia), escrito hace mucho tiempo, y publicado un Domingo 19 de Abril del 2.026.-
Augusto.-
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