viernes, 18 de enero de 2019

La vida del sacrificio.

La vida del sacrificio, es un bálsamo para las futuras estampitas.
Uno se clava espinas creyendo que de esa manera se redime en esta vida; y es cuando se sacan las escamas es cuando aparecen las blandeces, aleteando y en otro medio.
Guardo, al menos, la esperanza (que pronto se concrete) de que esa muerte resurja en un nuevo ser.
Fuera del agua.
Fuera de la estratósfera.
Aunque debo confesar no es fácil, es un camino de búsqueda en la que tengo que desasnarme y afrontar que las palabras dichas y los dogmas buscados han sido una pretensión demasiado exhaustiva y autodestructiva.
Las drogas han sido una forma brutal de chocarme con novedades mías que no quiero asumir.
He comido mucho. Ahora tengo que hacer el proceso o inverso o continuar con seguir con el digestivo y tomar aquello que me haga más fuerte y desechar aquéllo que no sirve y seguir.
Seguir en la tarantela y bancarme bailar con la más fea.
Y en esto el Dios occidental no es el predilecto para mi ayuda. Me he acercado a sus palabras para poder ser salvo y, es cierto que me atrapan y he manifestado querer estar bajo sus órdenes; el rechazo brota de un momento a otro.
No puedo entrar en sintonía con las personas.
Quiero dejar de sentirme como el centro, es como que caigo en un pozo que me hace sentir como que es todo contra mí.
Hace un rato he pensado que he empezado una vida nueva hace un año.
Todo me resulta doloroso.
Quiero salir de la burbuja.
Quiero que mi karma, el de Skinner, si es que realmente es el mío, deje de serlo. Quiero que se rompa la bola de cristal.
Que la realidad entre por mis poros que transpire  mis dolores.  Que mis angustias y llantos no queden sin derramarse, esperando como un dique contenidas en vano.  Para generar una energía que no es de mi provecho.
Contener para que el consumo lo obtenga otro.
Dios, sólo te pido que me ayudes a que mi adentro y mi afuera sean uno.  Que mi soledad, se vaya por donde vino y que sola aguarde otro destino, ya que mi viaje rumbea otro camino.
Pero para eso tengo que soltar mi corazón; es muy difícil cuando me siento muy agredido.
Es como que tengo mucha furia arrinconada. Esa violencia contra mí mismo, esa alienación que me lastima, esa soberbia más alta aún que mis metro con ochenta y pico.
Estoy cumpliendo un año de liberación, es como un prolongado parto para algo nuevo.   Hacer lo mío. Sin la creencia etérea de que soy el mejor.  Cuanto más arriba más fácil se cae.
Y es es fuerte.
Quiero terminar con una fuerza y querencia.

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